

El segundo semestre nunca llega. El ministro de Economía, Luis Caputo, afirmó que se vienen los 18 mejores meses de nuestra historia. Nos recuerda a Macri anunciando que en el segundo semestre el país despegaría. Pero los datos oficiales de crecimiento no son alentadores. Incluso la percepción social es que los indicadores debieran ser mucho peores; dadas los efectos del programa ultraderechista en los ingresos de la mayoría de la población.
Las 9 estimaciones de la actividad económica de los últimos 15 meses, muestran leves caídas, incluso la de febrero 2026 no fue nada leve (-2.6%). El dato positivo de marzo, de +3.5% mensual y 5.5% anual, fue celebrado por el gobierno; y hasta tapa de Clarín. Lo explican el inicio de la cosecha y la expansión de Vaca Muerta, incluyendo el alza del precio del petroleo por la guerra en el golfo Pérsico, pero nada perdurable.
El festejo poco duró, la consultora Equilibra, fue la primera en decir que en abril los datos del Estimador mensual de la actividad económica (EMAE) volverán a ser malos, dados anticipos de construcción e industria automotriz. Es más, se precisó que la actividad caerá 1% interanual y 1,5% intermensual; o sea que el dato positivo de marzo fue solo un espasmo. Estamos en recesión. Además, la inflación quedó estabilizada alrededor del 3% mensual, lejos índice menor al 1% anunciado por el presidente.
El oficialismo pretende construir su escenario optimista a partir del impulso de sectores como el agro, la energía y la minería, pero con caída del empleo, salarios rezagados, y una mejora productiva muy sesgada sectorialmente.
Los datos interanuales de marzo muestran quienes son los ganadores del modelo: minería, agro, pesca y finanzas. En cambio, los sectores que generan ocupación, la industria, construcción y el comercio están en contracción. De acuerdo a la Unión Industrial Argentina (UIA) están 10 puntos abajo de 2023.
Los beneficiados, son sectores basados en la renta natural, petroleo y gas, agricultura, minería, finanzas, que no derraman socialmente por su escasa demanda laboral, su mercado externo y no el consumo interno.
Contrariamente, le va mal a la industria, la construcción, el comercio, etc, con contracciones en los sectores mano de obra intensivos.
El ajuste, el IPC y la pobreza
Estos 2 años de ultra liberalismo generaron pésimos indicadores sociales: alza en la desocupación, caída del empleo registrado y del salario real, empobrecimiento de los sectores medios y de bajos ingresos. Los encuestólogos estiman una caída de 15% (del 45 al 30) en la imagen positiva del gobierno en estos meses de 2026.
La política tarifaria, bajo el lema del ajuste fiscal, al eliminar subsidios, trasladó el costo de los servicios públicos (electricidad, gas, red sanitaria y transporte) a los consumidores. Esto ha representado un severo aumento del costo de vida. Consecuencia de los recurrentes tarifazos, que han superado por mucho a los incrementos salariales. El ingreso disponible (lo que queda después de pagar los servicios públicos) cayó del 53% de los ingresos en 2015 a solo un 30 % en 2026, lo que explica la caída en el consumo.
Las estadísticas oficiales no muestran en su correcta magnitud la inflación, por la resistencia del gobierno a actualizar la canasta de consumo en la medición del IPC. De esta forma se pretende magnificar el éxito anti inflacionario. Esta medición subestima la canasta de consumo, y por tanto la linea de pobreza.
Milei afirma haber sacado 10 millones de argentinos de la pobreza, pero la medición de pobreza recibe cada vez mayores cuestionamientos. Las manipulaciones estadísticas incluyen tanto la mencionada sobre el IPC, como una sobreestimación de los ingresos de los “no registrados”, sea asalariados o trabajadores por cuenta propia.
Al Centro de Economía Política Argentina (CEPA) le llama la atención el incremento de los ingresos de los trabajadores no registrados. Destaca que se modificaron los cuestionarios de la EPH para captar los ingresos por asistencia social (Tarjeta Alimentar, pensiones no contributivas y becas Progresar).
La consultora Equilibra señaló que el último reporte del INDEC mostró que los ingresos laborales de los no asalariados aumentaron un 70% interanual en el cuarto trimestre de 2025, más que duplicando la variación del IPC. Llamativo dato. Así el indicador oficial registró mejoras rápidas en el ingreso, y en consecuencia pronunciadas caídas en la pobreza.
Incluso el conservador Observatorio de la Deuda Social de la UCA, considero que hay “cierta ficción” en las cifras de pobreza, y que el número sería unos 10 puntos mayor.
Ademas de la manipulación de los datos de inflación y pobreza, la respuesta oficial a la contracción económica es “más de lo mismo”. Mediante la decisión administrativa 20/2026 que se acaba de aprobar, se reduce el gasto público en 2.000 millones de dólares.
La retracción económica que provoca el ajuste reduce la recaudación (ya van 10 meses seguidos de caída en los ingresos públicos), por lo que para evitar el aumento del déficit fiscal se debe reducir aún más el gasto. Es un fenómeno de retro alimentación: el ajuste para reducir el déficit fiscal reduce el consumo, y así la recaudación, por lo que termina forzando más ajuste.
La política de ajuste continua la lógica de los años anteriores, se achican partidas sociales, subsidios al transporte, obra pública y transferencias a las provincias. En trenes se aprobó un plan cinco aumentos consecutivos: 18% en mayo, 15% en junio, 13% en julio, 12% en agosto, 10% en septiembre. En los colectivos un incremento del 18%.
El mundo no funciona así
Las primeras medidas del gobierno fueron marcadamente pro empresarias, como el régimen para grandes inversiones (RIGI). A fines del año pasado el Gobierno ganó las elecciones de medio término, apoyado financieramente por EE.UU., y el Congreso le aprueba las leyes que quería el mercado, como la reforma laboral y la desprotección ambiental para favorecer a la minería.
El manual ultra monetarista supone que solo se debe actuar sobre los mercados monetarios, como dinero o el tipo de cambio, para controlar la inflación; y que la producción de bienes y servicios se auto equilibra. El ajuste, la reducción de la demanda y la inversión pública, serán compensadas por el mercado con otras producciones.
Por ello siguen esperando el rebote, que la actividad suba como “pedo de buzo” (dijo el presidente), o que los próximos meses sean los 18 mejores meses de la historia, en la versión del mesadinerista ministro de economía.
Según la concepción neoliberal la inversión debería estar disparándose, y de acuerdo a ese manual el sector privado debería florecer. Ante el fracaso de las medidas para promover la inversión privada, los creativos libertarados anuncian el “Súper RIGI”. De nuevo, solo más de lo mismo.
La gran contendiente del pensamiento neoclásico es la escuela keynesiana. Esta teoría afirma que el nivel de actividad económica es variable. Para la versión keynesiana la contracción tanto del consumo privado, del consumo público y de la inversión publica, provocan irremediablemente una recesión.
El punto principal de la discusión es el accionar del Estado. Mientras los liberales entienden que no hay nada que hacer, porque el mercado se auto equilibrará; los keynesianos en cambio, entienden que si el estado no actúa el problema se profundizará.
Claramente el ajuste sobre la demanda agregada está contrayendo la actividad productiva, particularmente en los grandes centros urbanos. Entre diciembre de 2023 y principios de 2026, Argentina registró el cierre de más de 24.400 empresas empleadoras.
Los empresarios no se muestran dispuestos a enterrar fondos en este modelo, salvo Vaca Muerta. Solo prospera la especulación financiera, el “carry trade”, que permite elevadas ganancias en moneda internacional.
YPF acaba de anunciar una inversión de U$S 25.000 millones. Generará unos US$ 6.000 millones anuales hacia 2032. El problema es que hoy se fugan las divisas que ingresaran en un quinquenio. El Banco Central estimó que desde que se implementó el RIGI hubo salida neta de capitales por más de U$S 4.687 millones, osea que prevalece claramente la fuga de capitales por sobre la inversión. Ni los ganadores apuestan al triunfo del modelo.
Las políticas de los libertarios se podrían considerar como un “experimento social a cielo abierto”, mostrando que los keynesianos tienen razón, y que el mundo no funciona como afirman los maestros del presidente.

A modo de conclusión
Las actividades basadas en la renta, sea natural o financiera, son las que prosperan, donde se destaca Vaca Muerta. El resto languidecen. Además, con el control de las recomposiciones salariales, conjuntamente con la política tarifaria, han provocado una sensible caída de nivel de vida de la amplia mayoría. Producto de la caída del nivel de vida, se registra una pérdida de consenso social.
Los libertarios continúan sin tomar registro de su fracaso económico, ni de su retroceso político, solo plantean más de lo mismo, repitiendo la receta.
El círculo rojo toma distancia. Los dueños de argentina hacen casting en busca de un candidato que dé continuidad el modelo, A la continuidad propuesta por los dueños del país le es difícil de seducir a los damnificados, que supieron soñar con ingresos altos en dólares.
A la par de la perdida de esperanza, la resistencia está empezando a crecer. Lamentablemente la compleja interna del peronismo retrasa la capitalización.
El poder apuesta a otro peronista como Fernández que no toque el modelo, pero sería el suicidio del movimiento. La falta de una negociación entre la líder presa y proscrita y el surgente gobernador bonaerense es el gran problema del campo popular.
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El segundo semestre nunca llega. El ministro de Economía, Luis Caputo, afirmó que se vienen los 18 mejores meses de nuestra historia. Nos recuerda a Macri anunciando que en el segundo semestre el país despegaría. Pero los datos oficiales de crecimiento no son alentadores. Incluso la percepción social es que los indicadores debieran ser mucho peores; dadas los efectos del programa ultraderechista en los ingresos de la mayoría de la población. Las 9 estimaciones de la actividad económica de los últimos 15 meses, muestran leves caídas, incluso la de febrero 2026 no fue nada leve (-2.6%). El dato positivo de marzo, de +3.5% mensual y 5.5% anual, fue celebrado por el gobierno; y hasta tapa de Clarín. Lo explican el inicio de la cosecha y la expansión de Vaca Muerta, incluyendo el alza del precio del petroleo por la guerra en el golfo Pérsico, pero nada perdurable. El festejo poco duró, la consultora Equilibra, fue la primera en decir que en abril los datos del Estimador mensual de la actividad económica (EMAE) volverán a ser malos, dados anticipos de construcción e industria automotriz. Es más, se precisó que la actividad caerá 1% interanual y 1,5% intermensual; o sea que el dato positivo de marzo fue solo un espasmo. Estamos en recesión. Además, la inflación quedó estabilizada alrededor del 3% mensual, lejos índice menor al 1% anunciado por el presidente. El oficialismo pretende construir su escenario optimista a partir del impulso de sectores como el agro, la energía y la minería, pero con caída del empleo, salarios rezagados, y una mejora productiva muy sesgada sectorialmente. Los datos interanuales de marzo muestran quienes son los ganadores del modelo: minería, agro, pesca y finanzas. En cambio, los sectores que generan ocupación, la industria, construcción y el comercio están en contracción. De acuerdo a la Unión Industrial Argentina (UIA) están 10 puntos abajo de 2023. Los beneficiados, son sectores basados en la renta natural, petroleo y gas, agricultura, minería, finanzas, que no derraman socialmente por su escasa demanda laboral, su mercado externo y no el consumo interno.
Estos 2 años de ultra liberalismo generaron pésimos indicadores sociales: alza en la desocupación, caída del empleo registrado y del salario real, empobrecimiento de los sectores medios y de bajos ingresos. Los encuestólogos estiman una caída de 15% (del 45 al 30) en la imagen positiva del gobierno en estos meses de 2026. La política tarifaria, bajo el lema del ajuste fiscal, al eliminar subsidios, trasladó el costo de los servicios públicos (electricidad, gas, red sanitaria y transporte) a los consumidores. Esto ha representado un severo aumento del costo de vida. Consecuencia de los recurrentes tarifazos, que han superado por mucho a los incrementos salariales. El ingreso disponible (lo que queda después de pagar los servicios públicos) cayó del 53% de los ingresos en 2015 a solo un 30 % en 2026, lo que explica la caída en el consumo. Las estadísticas oficiales no muestran en su correcta magnitud la inflación, por la resistencia del gobierno a actualizar la canasta de consumo en la medición del IPC. De esta forma se pretende magnificar el éxito anti inflacionario. Esta medición subestima la canasta de consumo, y por tanto la linea de pobreza. Milei afirma haber sacado 10 millones de argentinos de la pobreza, pero la medición de pobreza recibe cada vez mayores cuestionamientos. Las manipulaciones estadísticas incluyen tanto la mencionada sobre el IPC, como una sobreestimación de los ingresos de los “no registrados”, sea asalariados o trabajadores por cuenta propia. Al Centro de Economía Política Argentina (CEPA) le llama la atención el incremento de los ingresos de los trabajadores no registrados. Destaca que se modificaron los cuestionarios de la EPH para captar los ingresos por asistencia social (Tarjeta Alimentar, pensiones no contributivas y becas Progresar). La consultora Equilibra señaló que el último reporte del INDEC mostró que los ingresos laborales de los no asalariados aumentaron un 70% interanual en el cuarto trimestre de 2025, más que duplicando la variación del IPC. Llamativo dato. Así el indicador oficial registró mejoras rápidas en el ingreso, y en consecuencia pronunciadas caídas en la pobreza. Incluso el conservador Observatorio de la Deuda Social de la UCA, considero que hay “cierta ficción” en las cifras de pobreza, y que el número sería unos 10 puntos mayor. Ademas de la manipulación de los datos de inflación y pobreza, la respuesta oficial a la contracción económica es “más de lo mismo”. Mediante la decisión administrativa 20/2026 que se acaba de aprobar, se reduce el gasto público en 2.000 millones de dólares. La retracción económica que provoca el ajuste reduce la recaudación (ya van 10 meses seguidos de caída en los ingresos públicos), por lo que para evitar el aumento del déficit fiscal se debe reducir aún más el gasto. Es un fenómeno de retro alimentación: el ajuste para reducir el déficit fiscal reduce el consumo, y así la recaudación, por lo que termina forzando más ajuste. La política de ajuste continua la lógica de los años anteriores, se achican partidas sociales, subsidios al transporte, obra pública y transferencias a las provincias. En trenes se aprobó un plan cinco aumentos consecutivos: 18% en mayo, 15% en junio, 13% en julio, 12% en agosto, 10% en septiembre. En los colectivos un incremento del 18%.
Las primeras medidas del gobierno fueron marcadamente pro empresarias, como el régimen para grandes inversiones (RIGI). A fines del año pasado el Gobierno ganó las elecciones de medio término, apoyado financieramente por EE.UU., y el Congreso le aprueba las leyes que quería el mercado, como la reforma laboral y la desprotección ambiental para favorecer a la minería. El manual ultra monetarista supone que solo se debe actuar sobre los mercados monetarios, como dinero o el tipo de cambio, para controlar la inflación; y que la producción de bienes y servicios se auto equilibra. El ajuste, la reducción de la demanda y la inversión pública, serán compensadas por el mercado con otras producciones. Por ello siguen esperando el rebote, que la actividad suba como “pedo de buzo” (dijo el presidente), o que los próximos meses sean los 18 mejores meses de la historia, en la versión del mesadinerista ministro de economía. Según la concepción neoliberal la inversión debería estar disparándose, y de acuerdo a ese manual el sector privado debería florecer. Ante el fracaso de las medidas para promover la inversión privada, los creativos libertarados anuncian el “Súper RIGI”. De nuevo, solo más de lo mismo. La gran contendiente del pensamiento neoclásico es la escuela keynesiana. Esta teoría afirma que el nivel de actividad económica es variable. Para la versión keynesiana la contracción tanto del consumo privado, del consumo público y de la inversión publica, provocan irremediablemente una recesión. El punto principal de la discusión es el accionar del Estado. Mientras los liberales entienden que no hay nada que hacer, porque el mercado se auto equilibrará; los keynesianos en cambio, entienden que si el estado no actúa el problema se profundizará. Claramente el ajuste sobre la demanda agregada está contrayendo la actividad productiva, particularmente en los grandes centros urbanos. Entre diciembre de 2023 y principios de 2026, Argentina registró el cierre de más de 24.400 empresas empleadoras. Los empresarios no se muestran dispuestos a enterrar fondos en este modelo, salvo Vaca Muerta. Solo prospera la especulación financiera, el “carry trade”, que permite elevadas ganancias en moneda internacional. YPF acaba de anunciar una inversión de U$S 25.000 millones. Generará unos US$ 6.000 millones anuales hacia 2032. El problema es que hoy se fugan las divisas que ingresaran en un quinquenio. El Banco Central estimó que desde que se implementó el RIGI hubo salida neta de capitales por más de U$S 4.687 millones, osea que prevalece claramente la fuga de capitales por sobre la inversión. Ni los ganadores apuestan al triunfo del modelo. Las políticas de los libertarios se podrían considerar como un “experimento social a cielo abierto”, mostrando que los keynesianos tienen razón, y que el mundo no funciona como afirman los maestros del presidente.
Las actividades basadas en la renta, sea natural o financiera, son las que prosperan, donde se destaca Vaca Muerta. El resto languidecen. Además, con el control de las recomposiciones salariales, conjuntamente con la política tarifaria, han provocado una sensible caída de nivel de vida de la amplia mayoría. Producto de la caída del nivel de vida, se registra una pérdida de consenso social. Los libertarios continúan sin tomar registro de su fracaso económico, ni de su retroceso político, solo plantean más de lo mismo, repitiendo la receta. El círculo rojo toma distancia. Los dueños de argentina hacen casting en busca de un candidato que dé continuidad el modelo, A la continuidad propuesta por los dueños del país le es difícil de seducir a los damnificados, que supieron soñar con ingresos altos en dólares. A la par de la perdida de esperanza, la resistencia está empezando a crecer. Lamentablemente la compleja interna del peronismo retrasa la capitalización. El poder apuesta a otro peronista como Fernández que no toque el modelo, pero sería el suicidio del movimiento. La falta de una negociación entre la líder presa y proscrita y el surgente gobernador bonaerense es el gran problema del campo popular. |
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